Una ruptura definitiva de pareja, un divorcio o separación es una situación tan traumática que es fácil perder el norte


Pero hay puntos de referencia que no deberíamos obviar nunca, y uno de ellos es qué hacer y cómo reaccionar cuando tenemos hijos.


Los niños -incluso los hijos que no son niños ya- no deberían, nunca, ser víctimas, daños colaterales, de nuestra separación. Nunca.


Sin embargo, suelen serlo, por despiste de los padres, centrados en lidiar con sus propios problemas y traumas, o porque deciden embarcarse en una guerra y hacen suyo el lema de que en una guerra todo vale.  


Responsabilidad


Es la palabra clave, como en cualquier aspecto de la vida. 


Cuando tienes hijos, firmas un contrato unilateral que te compromete a darles lo mejor. 


Tú a ellos. No es una vía de doble sentido, por muchas causas (entraremos en detalles en otro post, otro día), pero, básicamente, porque eres tú quien decidió tenerlos y asumir todo lo que eso conlleva. 


Que tus hijos vivan con normalidad y salud la separación es tu responsabilidad. La tuya y de nadie más, ni siquiera de tu expareja. 


Los padres son mucho más que esos adultos que garantizan que los niños estén sanos y alimentados. O no, si es que consideramos la salud como un todo que engloba el aspecto fisiológico, físico, emocional, psicológico, mental y espiritual. 


Tu separación puede ser la peor experiencia para tus hijos o solo un capítulo más de su vida, y el resultado depende en gran medida de tu postura y tus decisiones. 


Cuando tú te separas tus hijos no se separan de su otro progenitor, y no debería ser así (estamos hablando de relaciones en las que no hay abusos, maltrato, adicciones… por supuesto).


Claridad


Tendemos a pensar que los niños están más protegidos si no les contamos la verdad. Un gran error. 


Los niños no son tontos, simplemente les faltan dos herramientas importantes: experiencia e información


La experiencia la da la propia vida, pero la información se la puedes y debes proporcionar tú. 


Les debes a tus hijos, antes que nada, una honradez absoluta. 


No les mientas jamás. Jamás. Ni les cuentes medias verdades: en el aspecto emocional ellos lo captan todo y las mentiras les confunden y les hacen sentir inseguridad. 


Los niños se manejan muy bien en los niveles emocionales, y son capaces de adaptarse -normalmente, muchísimo mejor que nosotros- a cualquier situación, si se sienten seguros y protegidos. 


Eso está en tus manos y si tú tomas la decisión de acompañar a tus hijos y darles la estabilidad que necesitan, todo irá bien. Los niños son muy listos, muy amorosos y muy sanos (mientras no les confundamos y les hagamos sentirse inseguros). 


Además, es muy fácil: no les mientas en nada, bajo ningún concepto. 


Eso no significa que tengas que someterles a explicaciones exhaustivas sobre lo que está pasando o cómo te sientes, pero sí que debes contárselo de forma que puedan entenderlo. 


Un niño comprende muy bien que tú y/o tu expareja estéis enfadados, porque ellos se enfadan (con sus amigos, contigo…), y puede entender que los demás hagan cosas que no te gustan, porque a él le pasa. Estimula su empatía.


No necesitas entrar en detalles ni contarlo todo, pero sí lo suficiente como para que se haga una composición de lugar y sepa que el asunto no va con él ni va a afectar a su relación con ninguno de sus padres. 


Seguridad


Hay tres normas inviolables: 

Déjales claro que la separación no es su culpa ni tiene que ver con ellos. Díselo mucho. 
Diles una y mil veces que no va a afectar al amor que tanto tú como tu expareja sentís por ellos, que siempre los querréis. 
No ataques, insultes o denigres a tu expareja delante de tus hijos. Nunca. Si alguna vez lo haces, diles que no lo tengan en cuenta, que estás enfadada/o y que se te pasará. 


Los niños tienen derecho a tener a sus dos padres, a seguir amándolos y a necesitar a ambos. No es tu decisión, es su derecho. 


Da lo mismo lo que pase entre vosotros: tú elegiste a la otra persona como madre/padre de tus hijos y eso no lo puedes cambiar. 


Deja también claro que nadie va a sustituiros, por muchas parejas nuevas que podáis llegar a tener (sí, es un tema para otro post, el de las nuevas parejas y los hijos). 


Tus hijos están preparados para la verdad y si se la explicas con naturalidad y honradez, de forma que puedan entenderla, sabrán que pueden seguir con su vida normalmente, aunque sus padres ya no vivan juntos. 


Recuérdales que pueden preguntar lo que quieran, hablar del tema, expresar lo que piensan y sienten, y no les castigues ni regañes por hacerlo, por mucho que no te guste: tienen derecho a sus propias opiniones, pensamientos y sentimientos.


Si creas un ambiente de confianza y seguridad ellos contarán contigo, sabiendo que pueden hacerlo y que tú estarás siempre ahí (esto puede aplicarlo a todo, en la educación de tus hijos, y te dará magníficos resultados: niños seguros de sí mismos y que confiarán en ti durante toda su vida). 


Si tu expareja está beligerante, explícales que está enfadada/o, que es una situación difícil para todos, que no le den importancia, que se pasará y eso no cambiará nunca el amor que sentís por ellos. 


Los niños necesitan seguridad y saber que tú estás bien y te ocupas, que les vas a atender y proteger, que les explicas qué pasa sin mentiras ni secretos es todo lo que precisan para relajarse y seguir siendo niños. 


Los problemas de los adultos no deberían salpicarles, y no poder vivir con sus dos padres ya es una buena salpicadura, de la que podrán salir sin problemas si tú los acompañas, con amor, durante el camino. 


En más de una ocasión es posible que te resulte duro, pero los resultados lo compensarán con creces, no lo dudes. 


Se lo debes a ellos… y a ti. 


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