Seguro que has oído la expresión más de una vez y puede que incluso la utilices. 


Evidentemente, quiere decir curar profundamente nuestra parte emocional. 


El asunto, en su momento, me generó varias preguntas que no me parecen irrelevantes. 


¿Las emociones se pueden curar o sanar?


¿Es lo mismo curar que sanar, de entrada?


Porque, curiosamente, no solemos decir “curación emocional”. Es casi intuitivo, pero tiene un por qué, que creo que todos llevamos dentro, seamos conscientes de ello o no, y, por lo tanto, conocemos. O sabemos, de sabiduría.


Sanar es más que curar


Efectivamente. Y es un proceso interno y profundo.


Para empezar a entender la diferencia entre ambos términos podemos ir a la raíz latina, a la etimología de cada uno. 


Curar viene del latín “cura” y “curare”: cuidar y luego, por extensión, administrar, hacerse cargo de algo (de ahí que al encargado de una parroquia se le llame cura).


Sanar viene del latín “sanus/a/um” y “sanaré”: sensato, no loco (de ahí que a los locos se les haya llamado insanos, término en desuso en español, pero aún utilizado en inglés: insane) y devolver la salud, respectivamente. 


En medicina te pueden hacer curas, pero no sanaciones (las sanaciones, así, en plural, tienen más que ver con lo espiritual, con energías, con lo de dentro), y eso lo refleja, desde hace siglos, un dicho latino atribuido a Hipócrates: “Medicus curat, natura sanat”. El médico cura, la naturaleza sana. Tu propia naturaleza te sana y nada ni nadie más puede hacerlo. 


La sanación es un proceso natural e intrínseco que tiene que ver con rematar un asunto, el que sea, llevarlo hasta su final y terminarlo para siempre. 


Algo sanado es algo restaurado, como nuevo, virgen y limpio en todos los aspectos, pero desde ese punto de vista profundo que va más allá de las formas


Así, podemos decir que alguien ha sanado de sus heridas cuando ha superado todo lo que conllevan, aceptándolo o dejándolo atrás, según sea en cada caso. Una persona puede haber quedado paralítica por un accidente y, pese a eso, haber sanado. 


Como una persona puede haberse curado una herida y, sin embargo, no haber superado el trauma emocional o psicológico, no haber sanado la experiencia. 


La cura nos la pueden hacer, pero la sanación siempre viene de dentro. 


Por eso es importante distinguir ambos términos, porque hablar de sanación emocional no es un capricho o una casualidad: hay que implicarse, porque no hay sanación si no hay una implicación activa y sincera del interesado. 


Sanar supone carencia de salud


Si duda alguna. Cuando estamos bien no nos planteamos sanar, puesto que ya estamos sanos. 

De lo que se deduce que consideramos, casi sin darnos cuenta, de una forma intuitiva y natural, que la salud es la normalidad y que sanar implicar volver a esa normalidad que nos pertenece desde la anormalidad, la falta de salud, de bien-estar. 


Buscamos la sanación emocional desde la falta de salud emocional. 


Y claro, lo emocional es siempre muy personal y relativo. Relativisimo. 


Lo que a mí me afecta y me deja hecha polvo, a ti ni te despeina. Y viceversa (aquí no se libra de traumitas y traumas nadie, por lo que parece). 


Eso es lo que a mí me hizo pararme en el asunto y empezar a ponerle atención


¿Por qué las cosas afectan de forma tan diferente? 


¿Será (que es, te lo digo yo, lo dicen los que saben de cosas de la mente y hasta la física cuántica) que el meollo no está en las cosas sino en nosotros, en cómo las procesamos y vivimos?


¿Será que incluso puedo elegir cómo procesar y vivir las cosas? 


Un mundo nuevo y feliz


Como dice la canción. 


Es lo que se me apareció cuando empecé a mirar mis traumas, traumitas y traumones desde ese punto de vista. 


¡Solo tenía que elegir cambiar el punto de vista!


Porque si había alguien que había superado sin más, por ejemplo, una ruptura, ¿por qué no podía hacerlo yo?


Es importante que entiendas que me puse manos a la obra, para probar a ver si funcionaba, no me puse a darle vueltas a ningún asunto (que es lo que normalmente hacía hasta la saciedad, el aburrimiento y el sufrimiento sin fin ni sentido). 


Cuando mi mente quería meterse a analizar, saber, indagar, investigar, descubrir… y todas esas cosas inteligentes que la mente hace, no se lo permitía. Así de simple. Le decía: he decidido no sufrir, a ver si es posible, así que déjame hacer el experimento. 


No fue fácil al principio, porque la mente siempre quiere saber, pero, curiosamente, ¡funcionaba!


Por ejemplo, me di cuenta de que, si elegía sanar, rematar, dar por terminada una relación sin más complicaciones (me dejaran a mí o fuera yo la dejada), sin preguntas ni agonías, aceptándolo y no entrando en divagaciones sobre culpas y demás, el proceso se volvía ridículamente corto y leve. ¡Sin traumas ni sufrimiento! ¡Increíble! 


Pude comprobar que sufrir o no era mi elección. Siempre. Que las cosas pasan, pero yo elijo, siempre, cómo me pasan. 


Que la vida no estaba contra mí. 


Resumiendo: que todo el sufrimiento lo generaba mi mente, no lo que estaba pasando. 


De hecho, llegué a la conclusión -tampoco en esto soy única- de que lo que pasa está bien como está porque yo no estoy para juzgarlo (aunque sigo juzgando, pero ya no me creo mis juicios). 


Así que la sanación emocional tenía que ver todo conmigo y nada con los demás, con las cosas, con la vida. 


Curiosamente, la vida me va cada vez mejor, desde que no la culpo de nada. 


Al final, parece que lo más fácil y lo que mejor funciona es dar por hecho que uno viene sano de casa, limpio, virgen siempre a cada experiencia, porque todas son nuevas e irrepetibles, y que podemos elegir pasar por las experiencias, agradecerles y seguir la vida sin más, sin atarnos a lo que nos empeñamos en llevarnos puesto sin ninguna necesidad. 


Podemos elegir mantenernos sanos, que es nuestro estado natural. La falta de salud viene de la mente, no de la vida.


Te garantizo que es así de simple y fácil. Puedo hacerlo porque lo sé por experiencia y, otra vez más, no soy la única. 


¿Te atreves a probar o prefieres seguir en tu zona de confort, donde se dice que no puedes evitar lo que sientes ni elegirlo?


Elegir nos hacer responsables, y eso nos hace poderosos y libres. Te lo iré contando.

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