Sí, “eso”, no sexo. 

Con “eso” me refiero a todo lo que nos empeñamos en identificar con el amor, cuando no solo no tiene nada que ver, sino que muchas veces son comportamientos y relaciones enfermizas, patológicas, tóxicas y muy peligrosas en todos los aspectos, desde el emocional hasta el físico, pasando por el mental y el psicológico. 

Y no me refiero solo a las relaciones de parejas.

¿El amor está en el aire?

Desde luego, los conceptos perversos del amor sí están en el aire y en todas partes, pegados a nosotros en nuestras mentes, nuestra piel, nuestras tradiciones, nuestras experiencias compartidas, etc. 

Son tan familiares y abundantes que los consideramos normales y no los cuestionamos, aunque nos hagan sufrir muchísimo y no tengan ninguna razón de peso para ser. 

Las creencias sobre el amor se perpetúan porque son compartidas y aceptadas de forma general sin que, como grupo, nos las cuestionemos. 

Pero, como todo, podemos ponerlas en cuestión.

¿Esto es amor?

Quien bien te quiere te hará llorar. 
Lo hago por tu bien. 
Lo hago porque te quiero. 

Desde los refranes a un montón de frases cotidianas: nos parecen normales, las aprobamos y otorgamos el título de buena persona a quienes las pronuncian con gran convencimiento, ya sean padres, abuelos, hijos, parejas o amigos. 

También decimos que todos queremos que nos amen incondicionalmente

El amor que de verdad lo es… ¿puede ser condicional? ¿Hay amor cuando hay condiciones?
Yo creo que no, y pienso que todos, en un estrato profundo, tenemos eso bastante claro si nos paramos a pensarlo. 

Todos anhelamos un amor sin requisitos, somos conscientes de no tenerlo (y si somos honrados con nosotros mismos, de no darlo tampoco) y lo entendemos como un espacio casi mágico en el que podríamos ser como somos, lo que somos, sin vergüenza, complejos, ni sentimientos que nos hagan sentir poco valiosos, poco… merecedores de amor. Volvemos al origen. 

Y llegamos a una curiosa conclusión: el amor con condiciones nos hace sentirnos no amados. Luego, digo yo, “eso” no es amor. 

El amor tiene que hacerte sentir amado. No hay otra. Si puedo ponerme simplona, de la misma forma que no es posible que bebiendo agua llegues a tener más sed, no es posible que el amor te prive del amor. 

Así que, si no te sientes amada/o, igual no es amor

Pausa necesaria

Ahora, una pausa para que dejes que estas ideas penetren, aunque sea un poco, en ti: no en tu mente, sino en ti. 

Tu mente va a justificar el desamor que soportas y el que infliges por igual. 

Pero si paras tu mente un momento, oirás esa voz que desde muy dentro de ti te dice que es así, que el amor es otra cosa y que tú quieres amor de verdad, no sucedáneos enfermizos y tortuosos. 

Así que párate un momento, respira hondo y deja que esa verdad no entre en ti, sino que salga de ti; déjala aflorar y deja que te guíe, porque tú eres amor y lo reconoces, si te das permiso para hacerlo. 


Romper el círculo vicioso

Para dejar de tener relaciones tóxicas, y da lo mismo si somos las víctimas o los verdugos, lo primero es reconocerlas con humildad y honradez. 

Nadie que te ame te hará llorar voluntariamente. 

Nadie que te ame te hará sufrir por tu bien, porque no hay ningún bien en el sufrimiento ni argumento sano y sensato que puede defender semejante afirmación. 

Nadie que te ame te pondrá en situaciones de peligro, vergüenza, menoscabo, etc. 

Nadie que te ame te querrá poseer

Cuando eso ocurre no es una cuestión de amor sino de todo lo contrario: tengo tan poco amor por mí, me considero algo tan poco valioso, que me aterra que te des cuenta y decidas dejarme, así que te robo de todos, hasta de ti, para convertirte en una mera posesión que tiene que dar la medida de mi valía según mis normas, con una condición más: las normas las puedo cambiar siempre que quiera, sin previo aviso. Y si no las cumples, pagarás las consecuencias. 

Ahí hay una clara patología muy alejada del amor y de cualquier cosa relacionada con este; de ahí nacen muchas relaciones enfermizas que terminan en malos tratos y tragedias

Y no te engañes, porque ser víctima de maltrato no es el único peligro al que estamos expuestos: también podemos ser los verdugos sin darnos cuenta. 

¿De qué va esto?

¿Crees que hablo de la tan cacareada violencia de género? Sí y no. 

En realidad, hablo de todas las relaciones que establecemos en nuestra vida y a las que vamos, de forma inconsciente e irresponsable, en piloto automático. 

El maltrato no es una cuestión que se limite a las relaciones de pareja, ni a las relaciones con violencia física. 

Y casi todos somos unas veces víctimas y otras verdugos. 

Puede que esa sea una de las razones por las que no nos damos cuenta -o no queremos hacerlo- de que vivimos relaciones que tienen que ver con todo menos con el amor. 

Vamos a seguir ahondando en este asunto, por supuesto. 

Por ahora, plantéate la posibilidad de ver las cosas desde otro u otros puntos de vista.
Y no te sientas mal o creas que todo esto es muy grave: igual que podemos hacer las cosas mal, o menos bien, podemos elegir dejar de hacerlas así y empezar a hacerlas de otra forma. 

No es tan difícil como pueda parecértelo y la posibilidad de una vida más plena y llena de amor es un acicate importante. 

Porque tener amor, amor verdadero e incondicional en tu vida, está a tu alcance, es tu elección y puede ser tu realidad. De ti depende, lo que te da todo el poder y el control. 

¿No te parece una suerte, un regalo?

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