Es casi imposible no encontrar esta expresión cuando te adentras en eso que llaman crecimiento personal, autoayuda o la búsqueda espiritual, pero muchas personas no tienen todavía claro qué es la zona de confort. 


El término conduce a la confusión y hay quienes creen que se refiere a un espacio físico en el que estás cómodo, relajado y te sientes a salvo. 


Dejemos eso claro: la zona de confort no es un espacio físico, más bien se trataría de un espacio vital, de una especie de medio ambiente no tangible en el que cada persona se siente en casa. 


También es necesario aclarar que el término confort tiene más que ver con la costumbre que con un bienestar real. 


¿Qué es la zona de confort?


La zona de confort es ese entorno emocional, psicológico, espiritual en el que sientes que te puedes manejar porque te resulta conocido: sabes desenvolverte en él por costumbre. 


¡Ojo! Esto no significa ni mucho menos que estés feliz en él, ni siquiera que estés a gusto y te sientas realmente a salvo: solo que lo conoces. 


Voy a intentar poner un símil para explicarlo mejor. 


Supongamos que eres un guerrero de una tribu que vive en un territorio que está continuamente amenazado por otras tribus y que, además, tienes que defenderte de animales salvajes, enfrentar con tu comunidad diversos cambios durante el año que pueden ser catastróficos, como inundaciones o sequías, terremotos o volcanes.


No es el entorno más relajante ni relajado que se pueda imaginar, pero si has nacido y crecido en él sí es tu entorno natural: has aprendido sus leyes, conoces a los enemigos, sabes por dónde se mueven los animales depredadores, cómo hacerles frente o huir de ellos, incluso cómo cazarlos; tu comunidad tiene normas específicas para encarar y superar con éxito los problemas que vayan surgiendo y todos han asumido que durante el año, ya sea por guerras, catástrofes o accidentes, se perderán vidas. 


Si te sacaran de ese entorno y te pusieran en un lugar en el que puedes vivir sin luchar, sin depredadores, sin catástrofes periódicas, lo más probable es que tus niveles de estrés se disparen, al menos en los primeros momentos. 


¿No te lo crees? Investiga. 


¿Por qué ibas a estar estresado si, de hecho, todas las causas de estrés que había en tu vida han sido eliminadas?


Porque has vivido acostumbrado a ese estrés, sabes cómo moverte dentro de él y cuando te sacan de ahí estás perdido: no conoces el entorno, las normas, las condiciones. Es más, en realidad no te crees que se pueda vivir sin enemigos, depredadores y demás y estás esperando un ataque del tipo que sea, lo que te estresa muchísimo porque ahora no tienes ningún control, ya que desconoces los códigos de este nuevo entorno. 


¿Por qué lo llaman confort?


¿Lo ves? Tu zona de confort podría parecer un infierno a otros, pero para ti no solo es manejable, si no segura y confiable. No conoces otra cosa y estás a gusto ahí. 


La mayoría de las veces nuestras zonas de confort son poco confortables, pero nos sentimos seguros en ellas porque las conocemos. 


Si tienes relaciones poco sanas es probable que te quejes y expreses tu deseo de dejarlas y conseguir otras más satisfactorias, más pacíficas y que te hagan sentirte mejor contigo y con los demás. 


Pero también es probable que no las rompas por miedo. ¿A qué? A lo desconocido. En tus relaciones insatisfactorias hay todo un mundo creado en el que sabes moverte. Todo es siempre igual y la falta de cambios es una garantía. 


Una garantía de que el horror no va a desaparecer, pero eso, tristemente, también te reconforta: ya lo conoces. 


Porque una de las características más tremendas de las zonas de confort es que en una amplia mayoría de casos son infiernos: trabajos insatisfactorios, parejas con maltrato de toda índole (en el que el papel de maltratador se va alternando), amistades condicionadas, familias disfuncionales, falta de dinero


Cuando nos planteamos acabar con ello siempre encontramos miles de obstáculos y el resultado es que pasan los años y seguimos ahí. 


Si haces un ejercicio de honradez contigo verás que es tan fácil como decir ¡basta! 


El miedo


No seguimos en situaciones que nos hacen sufrir y profundamente infelices por gusto o por una oculta tendencia masoquista, lo hacemos por miedo. Miedo al cambio. 


Uno de los mayores estresantes para el común de los mortales es el cambio. No necesariamente peor: la idea del cambio, la sensación de pérdida de control nos altera profundamente. 


Te vas a casar con la persona a la que amas; consigues el trabajo ideal; te puedes ir a vivir a donde siempre has deseado hacerlo; compras la casa de tus sueños; vas a tener un hijo… Todas buenas noticias que, sin embargo, vienen acompañadas de tensión, incertidumbre y miedo. 


Pero para lograr lo que deseas, para vivir relajado, en paz, alegre y feliz, tienes que afrontar el cambio, luego tienes que asumir el miedo


Lo que significa que tienes que estar dispuesto a dar los pasos necesarios, hacer los cambios precisos


El valor consiste en hacer lo que hay que hacer incluso con miedo, no en no tener miedo. 
La salida


Si esperas las condiciones perfectas para empezar a actuar no lo harás nunca, porque no se darán nunca


¿No se darán? La verdad es que da lo mismo que se den o no: tú no las verás, porque el miedo te impedirá hacerlo. La lista de obstáculos no dejará de crecer. 


Es, como todo, un juego mental: todo pasa en tu mente, no en la realidad. 


¿Cómo salir de ahí? 


Depende solo de ti y es muy fácil: tienes que decidir dónde pones tu atención.

Cuando empieces a ponerla en lo que deseas en vez de en los impedimentos, mágicamente tus opciones se abrirán y multiplicarán. 


Basta con cambiar el punto de enfoque. 


¿No sabes ni por dónde empezar? No te preocupes, yo puedo acompañarte. Ya he pasado por eso y he acompañado a otros con éxito. 


¿Estás lista para ser la protagonista de tu historia?


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