Al final, esta breve frase podría resumir todas las rupturas de pareja, sea cual sea el motivo y sea quien sea el que dé por zanjada la relación. 


¿Ya te has dado cuenta de que todas tus relaciones son, en el fondo, la misma? ¿Ya has caído en que en todas se repiten, detalle más o menos? 


¿Tú eres de los que dejan o de los dejados? También este patrón tiende a repetirse.

 
Incluso hay un patrón subyacente que es el que a cada uno nos importa: ¿te sientes abandonado?


Porque con frecuencia ocurre que en las rupturas no importa demasiado lo que pasa y cuenta únicamente lo que pensamos, sentimos y recordamos, que no necesariamente tiene que corresponder con la realidad de los hechos. 


Los hechos son siempre interpretables y solemos interpretarlos con tanto desparpajo como desapego de la realidad. 


Ejemplo: tienes una relación de pareja y otra paralela. Tu pareja “oficial” se entera y te deja. 


¿Quién ha terminado la relación realmente? 


Admite que la pregunta da para todo un debate. 


Si no te has planteado nada de esto a lo mejor es hora de que lo hagas y empieces a reconocer tus patrones de comportamiento, sobre todo si de verdad deseas que tu próxima relación sea distinta


O puede que tengas una relación estable y magnífica, y leas este tipo de post solo por curiosidad o para pasar el rato, claro.


Como solo puedo hablar por mí, te diré que hace muchos años que me di cuenta de que el denominador común en todas mis relaciones era yo, así que concluí que para tener otras relaciones (y no solo de pareja) la que tenía cambiar también era yo


Por encima de cualquier otra consideración, me parecía importante porque era -y es- el único factor de la ecuación que puedo controlar. 


También concluí que a lo mejor tenía que cambiar mi/s punto/s de vista (solo mucho más tarde me di cuenta de que incluso es mejor no tener puntos de vista, pero ese es otro asunto, para otro día en otro apartado de este blog). Aquí tienes un pequeño esbozo sobre estas ideas
Algo en lo que solemos coincidir, seamos los dejados o los dejadores, es en sentirnos estafados


El final de una relación supone para todos o casi todos un trauma del que nos cuesta mucho salir, porque, dejamos o nos dejen, sentimos que la relación no nos ha dado lo que esperábamos, queríamos o creíamos necesitar. 


Hay en torno a las relaciones de pareja unas cuantas ideas y creencias que parecemos compartir, que apenas nos cuestionamos y que sirven, principalmente, para hacernos desgraciados. 
Dime qué crees y te diré qué sientes.


La primera es que una relación tiene que durar para siempre y si no es así, la relación es un fracaso y, por extensión, nosotros unos fracasados. 


Igual no somos conscientes del proceso mental, pero muchas veces se manifiesta como una reacción de culpabilidad hacia uno mismo y hacia la pareja: para no enfrentar la dolorosa idea de que hay algo malo en nosotros, echamos la culpa al otro y le responsabilizamos hasta de la muerte de Manolete, si hace falta. 


Y decimos esas estupideces de que el amor y el odio son casi lo mismo, las dos caras de una moneda, están separados por un fino hilo…. ¡tantas tonterías!


Empieza el período de sufrimiento y desesperación en el que no hacemos más que preguntarnos qué hicimos mal o qué deberíamos haber hecho de otra forma, o dejado de hacer. 


Curiosamente, no se nos suele ocurrir pensar que a lo mejor el que nos dejen o no nos atiendan como creemos merecer o deseamos, que no nos complementen y completen, no tiene nada que ver con nosotros, al menos en ese terrible sentido. 


Quiero decir, que no hace falta que seamos profundamente imperfectos y defectuosos. Puede ser tan simple como que a la otra persona no le apetezca estar con nosotros y ni siquiera lo sepa o esté dispuesto a reconocerlo. 


Hasta en el amor nos acomodamos y preferimos quedarnos en la zona de confort, por muy poco felices que seamos (o profundamente infelices). 


Aceptamos como amor montones de sucedáneos que van de tristes y anodinos hasta terribles y peligrosos (una pincelada sobre el asunto).


Otra cosa chocante y tan común que no nos paramos a mirarla con atención es el sorprendente empeño que ponemos en tantas ocasiones en estar con alguien que no quiere estar con nosotros. ¡Queremos, a toda costa, estar con alguien aunque no nos quiera!


¿No te parece enfermizo y un poco loco? ¿Incluso muy loco?


Más ideas extrañas pero asumidas como normales. 


Nuestra pareja tiene que completarse.


Aquí se agazapa, traicionera y silente, otra idea perversa sobre nosotros que se cuela por la puerta de atrás y de la que no nos damos cuenta nunca: somos incompletos, inacabados, profundamente imperfectos.


Nuestra pareja tiene que hacernos felices o nosotros a él/ella. 


Lo más gracioso (o lo menos, en realidad) es que no sabemos ser felices, no tenemos ni idea de lo que es la felicidad, además de eso que perseguimos y nos esquiva a todas horas, pero pretendemos que nos lo dé otro e incluso dárselo a otro. 


No tiene ni pies ni cabeza. 


Tiene mucho que ver con la irresponsabilidad sobre nosotros mismos y nuestra vida y con entrar en una película terrorífica que nos parece asumible sólo porque es igual para todos


Si la mayoría de la gente tiene relaciones fracasadas (incluso los que llegan a la relación definitiva), no es feliz con su pareja y si lo es, muchas veces lo es a pesar de su pareja, ¿por qué nos empeñamos en seguir por el mismo camino una y otra vez? 


¿Por qué no pensar que a lo mejor es el momento de superar todo lo que te impide sacar tu mayor potencial?


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