La respuesta corta es que sí


La larga es que depende.


¿De qué depende? De entrada, de lo que entiendas por abundancia.


La RAE dice que es gran cantidad de algo y también prosperidad, bienestar o riqueza. 


¿La espiritualidad trae o atrae la abundancia?


Si preguntas a mucha gente que la ha integrado en su vida, te dirán que sí; muchos otros te dirán, probablemente, que no. 


Por mi experiencia te diría que los segundos no han entendido ni integrado realmente la espiritualidad, pero no te lo creas: es mi opinión y mi experiencia. 


Lo que quiero decir es que “pasarte” a la espiritualidad para conseguir abundancia y, sobre todo, mejoras materiales del tipo que sea, es más que posible que no te funcione, a no ser que te montes una corriente de la que seas el líder y consigas hacer dinero con eso. 


Lo normal es llegar a la espiritualidad mientras se busca un sentido a la vida y quieres descubrir quién eres, por qué y para qué estás aquí. 


Estas preguntas no llevan necesariamente a la espiritualidad, pero es difícil llegar a ella sin querer encontrar las respuestas a las mismas. Aunque, por supuesto, hay otros caminos. 


Todo lo que yo te cuente ahora no te va a servir de mucho si no lo vives, si no lo experimentas por tu cuenta, aunque me creas (puedes no hacerlo y puede que sea lo mejor), porque lo único válido en estas lides es la propia experiencia. 


La espiritualidad te pone en el camino de descubrirte y para hacerlo es imprescindible que te abras a nuevas formas de mirar, que renuncies a lo que crees saber en todos -absolutamente en todos- los aspectos. 


Elijas el camino que elijas para tu viaje hacia tu Ser (lo que de verdad eres), si es un camino auténtico y lo haces con honradez contigo mismo, no llegarás a la abundancia, sino que esta llegará a ti por dos vías: 

  • Descubrirás toda la abundancia que ya hay en ti y en tu vida y que eras incapaz de reconocer (cambiar la mirada). 
  • Como por arte de magia, la abundancia en todos los sentidos, empezará a hacerse tu amiga… de forma casi milagrosa. 

La espiritualidad no es el camino a la abundancia. 


No hay camino, de hecho. Si quieres más dinero, más cosas, más amor, tendrás que buscar por otro lado. 


Cuando te sumerges en la búsqueda espiritual tienes que dejar a un lado las expectativas. 


Pese a que somos seres espirituales (de hecho, todo lo que existe es espiritual) reconocernos como tales no es tan fácil. 


Hay quienes, como Saulo de Tarso, tienen un momento de lucidez, un rayo que les cambia la vida radicalmente, que les hace ver las cosas de una forma radicalmente distinta, nueva y reveladora (él se convirtió en San Pablo). 


Hay quienes llegan al descubrimiento poco a poco. 


Hay quienes empiezan y no llegan a nada por mucho que se esfuercen (vamos a dedicar a este “fenómeno paranormal” nuestro siguiente post AQUÍ). 


Pero una de las cosas que te encuentras cuando por fin descubres que, efectivamente, eres espíritu, es que el sentido de abundancia cambia totalmente para ti. No puedo decirte de qué manera, porque eso es algo personal y para cada uno tiene diferentes formas de manifestarse. 


No en balde somos únicos y la Vida nos trata en consecuencia, dando a cada uno lo que de verdad necesita. 


Si crees que todo esto es un rollo para justificar algo, estás en un error. 


Ni yo ni nadie te puede garantizar que la espiritualidad te vaya a hacer conseguir nada, y menos aun lo que crees desear y/o necesitar. 


Desde dónde estás cuando no has descubierto qué y/o qué eres no puedes tener un siquiera un atisbo de lo que encontrarás al otro lado, así que puede decirse que empezar la búsqueda es como dar un salto en el vacío. 


Si alguien te promete que, con su sistema, sus herramientas, sus técnicas o su guía espiritual conseguirás esto o aquello (siempre desde una perspectiva espiritual, se entiende), mi consejo es que no te creas nada. 


La abundancia está en la espiritualidad


La espiritualidad te lleva a estar bien contigo mismo en cualquier circunstancia, porque te descubre que para lograrlo no dependes de nada ni nadie, que es una decisión tuya, tu elección, siempre, y depende únicamente de ti. 


Esa certeza puede hacer que te comportes de tal forma que la abundancia empiece a alcanzarte (¡ojo! no se puede forzar o simular), o que te des cuenta de que ya tienes abundancia y no la reconocías o a saber que no necesitas lo que creías necesitar, o… para cada uno hay una respuesta personal. 


Por eso nadie puede decirte cuál es la tuya, porque es solo para ti y, por decirlo de alguna manera, solo a ti te puede ser revelada. 


Es fundamental ir al encuentro contigo mismo tan ligero de equipaje como sea posible, y no hablo de renunciar a todo lo material ni mucho menos, sino de saber que lo que piensas que necesitas puede no ser lo que necesitas, porque lo estás necesitando todavía desde tu yo no espiritual. 


Si te centras obsesivamente en un objetivo es muy posible que no lo alcances y creas que “la cosa” no te está funcionando. 


Es fácil entender por qué. 


Imagina que te obsesionas por encontrar algo muy concreto, por ejemplo, en una playa maravillosa. 


Estarás todo el tiempo mirando a la arena, buscando, cavando hoyos y desesperándote, mientras te pierdes todo lo que esa playa paradisíaca te está ofreciendo: la brisa, el agua, la cálida arena, la puesta del sol… 


Cuando te rindes (literalmente es una rendición) y dejas de buscar, empiezas a disfrutar la playa. Sin más. 

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