No me queda otra que empezar diciendo que se han escrito ríos de tinta sobre este tema, porque todos sufrimos, sufrimos mucho y no entendemos por qué ni qué sentido u objetivo tiene el sufrimiento. 


La verdad es que el sufrimiento no tiene ningún sentido ni sirve para nada. 


El dolor es útil e inevitable, pero el sufrimiento no. 


Lo dijo Buda, lo dicen muchos maestros, lo decimos muchísimas personas y tú puedes fácilmente llegar a la misma conclusión por tu propia experiencia. Es una de esas verdades universales: el sufrimiento es inútil y evitable. 


El sufrimiento es el dolor prolongado en el tiempo. 


Me gusta poner ejemplos del mundo físico porque parece que se entienden mejor, ya sabes, lo físico se puede tocar (aunque en realidad nunca tocamos nada, pero ese es otro tema). 


Un dolor de muelas es un aviso de que algo no marcha bien, un toque de atención.

Pero a nadie en su sano juicio se le ocurre dejar que el dolor se instale y campe por sus respetos, entre otras cosas porque el dolor de muelas es tremendo y muy devastador. 


Así que cuando nos duele una muela enseguida contactamos con el médico y si no puede atendernos nos receta algo para eliminar o paliar el dolor hasta que pueda vernos.

 
Y nos lo tomamos, porque de otra manera estaríamos sufriendo muchísimo (normalmente el dolor va a más y se mantiene durante días si no se ataja). 


Ese sufrimiento no tiene ninguna utilidad y podría dejarnos fuera de combate. 


Conclusión: sufrir no sirve para nada. En absoluto. 


¿O sí?
¿Por qué sufrimos?
Porque, seamos conscientes o no, elegimos sufrir. 


Ya lo sé, esa afirmación tan rotunda es un disparate porque nadie quiere sufrir. 


Cierto. 


Pero el sufrimiento emocional no tiene lugar en eso que llamamos o consideramos el mundo exterior. El dolor sí, pero el sufrimiento no. 


Es nuestra mente la que lo fabrica, lo alimenta, lo hace crecer y le permite instalarse cómodamente en nuestra vida. 


El sufrimiento es, de nuevo, una elección, una decisión que tomamos, aunque no sea conscientemente. 


Lo alimentan muchas creencias que no nos cuestionamos, cómo que no podemos evitarlo, que es parte de la vida, que “yo soy así”, “soy muy sensible”, “todo me afecta” …


Es gracioso (o quizá tragicómico) cómo nos evadimos de nosotros mismos y de la responsabilidad, única e intransferible, que tenemos sobre nosotros y nuestra vida. 


No nos damos cuenta de que somos los productores exclusivos de nuestros pensamientos, creencias, emociones y sentimientos y eso nos da la posibilidad de cambiarlos y, por lo tanto, un poder infinito sobre nuestra realidad. 


Tenemos tantas ideas sobre lo que somos que no dejamos lugar a lo único que es verdad: experimentar lo que somos sin ideas previas, porque estas nos sacan de la experiencia. 


Las ideas habitan en la mente y la experiencia se da en la vida y no puedes estar a la vez en tu mente y en tu vida: cuando optas por la mente eliges también abandonar tu vida, el instante presente, que es siempre el único en el que puedes vivir. 


En la mente hay conceptos, no vida, no experiencia; hay conocimientos, pero no sabiduría. 
Cuando una situación te causa dolor estás teniendo una experiencia. El dolor solo se puede dar en el presente. 


Pero cuando te aferras a él lo conviertes en sufrimiento, lo transformas en una idea que no sueltas y sobre la que empieza a girar todo tu pensamiento. 


Por supuesto puedes argumentar que tu sufrimiento es una experiencia real y terrible, muy intensa y por lo tanto verdadera. 


Es cierto, porque es cierto que sufres. 


¿Pero sufres por lo que ha pasado o porque te has enganchado a eso y no eres capaz de dejarlo atrás?


Tu sufrimiento no ocurre más que en ti, en tu mente, en un mundo pequeño y oscuro que tú creas con tus pensamientos y tus ideas, sin llegar siquiera a cuestionártelos. 


Fíjate cómo funcionamos. Nos decimos: si estoy sufriendo tanto, esto tiene que ser real y verdad. 


Y, sin embargo, ¿cuántas pistas tenemos en la vida diaria que nos indican que eso no es necesariamente así y valdría la pena ponerlo en duda (porque se supone que lo que más deseamos es dejar de sufrir)?


¿Cuántas cosas parecen reales y no lo son, pero aun así nos afectan? Hoy en día hay hologramas tan realistas que nos resulta casi imposible no reaccionar ante ellos como si fueran parte de la realidad, sabiendo que no lo son. 


¿Por qué hay gente que reacciona al mismo dolor de forma mucho menos sufriente?
¿O crees seriamente que el dolor ajeno es menor, más suave, menos intenso?
¿Y si tú también pudieras dejar de sufrir?


Sufrir solo sirve para una cosa


Exacto. Sufrir solo sirve para que te canses de hacerlo, para que llegues a un punto de “no puedo más” que te haga salir de tu zona de confort, dejar atrás tus creencias y empezar a investigar honradamente y sin prejuicios en el origen de tu sufrimiento.

 
Vas a llegar a ti, vas a comprobar que eres la fuente de todo tu sufrimiento. 


Ese descubrimiento puede ser impactante y hasta demoledor, pero si das un paso más puedes ver el regalo que esconde: si tú causas tu sufrimiento, tú puedes dejar de hacerlo. 


No sabrás ni por dónde empezar al principio. Una buena forma de hacerlo es seguir con honradez impecable el camino que acabas de abrir ante ti por mucho que te asuste.


Te asustan tus pensamientos al respecto y es hora de que dejes de creer y seguir todos tus pensamientos, que son los que te han traído hasta aquí, sufriendo. 


Solo tú puedes salir de ahí y solo tú decidirás cuándo quieres dejar de sufrir. Es una decisión, como todo en la vida. 


No basta con decir basta: sabrás cuándo es tu momento porque harás lo que sea necesario para no sufrir más. Verás el engaño que es (autoengaño) y decidirás acabar con él. 


No es difícil y yo puedo ayudarte. He estado ahí, sufriendo, he salido de mi sufrimiento y puedo acompañarte en los primeros pasos, hasta que seas capaz de andar por tu cuenta.

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