El miedo es una emoción que surge en una situación de peligro y afecta a nuestra percepción de la realidad y nuestra capacidad de reacción.


En principio se trata de una herramienta de supervivencia muy útil, pero se puede -y se suele- convertir en un enemigo al que alimentamos sin ser demasiado conscientes. 


Hay miedos que podríamos llamar “sensatos”, ya que nos protegen de peligros físicos reales: el miedo a las alturas y a caer al vacío o el miedo a la oscuridad. 


Pero lo cierto es que vivimos sumidos en miedos de todo tipo que comparten un denominador común: habitan en nuestra mente y nos provocan un sufrimiento constante del que nos resulta muy difícil ser conscientes y, por lo tanto, poder afrontarlos y eliminarlos de nuestras vidas. 


La lista es infinita y muy personal, pero incluye el miedo a ser abandonado, el miedo a lo desconocido, el miedo al cambio, el miedo a enfermar, el miedo a perder el trabajo, el miedo a no tener dinero, a no dar la talla, a ser rechazados, a fracasar, a morir… 


Reconocer tus miedos


Es el primer paso para poder hacerles frente, pero no siempre es fácil. Hay miedos en nosotros que identificamos sin problema (al margen de que estemos o no dispuestos a reconocerlos ante los demás) pero otros están profundamente escondidos, lejos del alcance de nuestra conciencia y no somos capaces de verlos, aunque en ocasiones pueden condicionarnos mucho. 


Pero más importante que reconocerlos todos es que empieces a darte cuenta de que en realidad los creas y los alimentas tú. 


Tu relación de pareja va viento en popa, o en tu trabajo te aprecian y te consideran una pieza fundamental, pero tú vives con la angustia constante de perder uno u otro. 


No importa por qué ni de dónde venga tu miedo: si entras en esos lodazales no saldrás de ahí en años y no podrás superar tus miedos. Incluso existe el peligro de que los hagas mayores. 


Así que vamos a quedarnos en la superficie. 


Tu pareja va perfectamente, pero tú no dejas de pensar en que puede fastidiarse. 


¿Con qué información real llegas a esa conclusión?


Dónde nace y vive el miedo


Olvídate de lo que ha pasado antes, olvídate de lo que tu mente te cuenta (historias para no dormir) y remítete a los datos: ¿de dónde sale tu miedo?


De tu mente. Los miedos suelen ser producto de nuestra mente, de nuestra inconsciencia y de nuestra irresponsabilidad. 


La mente está hecha para la supervivencia y, por lo tanto, en una búsqueda continua y enfermiza de posibles peligros. Posibles. 


Lo que se convierte en un problema cuando te identificas con tu mente y crees que todo lo que produce es verdad.


Tú no eres tu mente, tu mente es solo una parte de ti y de lo que eres, como tu cuerpo, y no dejas que tu cuerpo sea el que dirija tu vida, ¿no?


Inconsciencia: porque no te paras ni un segundo a cuestionar todos los horrores posibles que tu mente fabrica, no te das cuenta de que es solo un constructo que nada tiene que ver con la realidad. 


La realidad es lo que pasa aquí y ahora: todo lo demás es un constructo mental y no existe más que en tu mente, lo que incluye el pasado y el futuro. 


Aquí y ahora es exactamente aquí a ahora, justamente este momento en el que me estás leyendo. 


Irresponsabilidad: si tu mente construye universos terroríficos que son reales para ti (pero que no son reales, por mucho que te afecten) es porque se lo permites. Mientras no aceptes que tú eres totalmente responsable no podrás hacer nada al respecto. 


Ser responsable te hace ser dueño de ti mismo por completo, mente incluida. Ahora tú estás al mando. Si tu mente sigue creando miedos tienes siempre la posibilidad de entrar al trapo o no, de comprarlos o no. 


Cuando entras al juego mental del miedo sufres muchísimo y estás viviendo en una irrealidad. El problema es que tú no te das cuenta. 


Es como estar viendo una película y olvidar que lo es, empezar a creer que la película es la verdad. 


El miedo distorsiona nuestra percepción de las cosas, anula muchas de nuestras mejores capacidades y nos convierte, en nuestra mente, en víctimas indefensas frente a un montón de posibilidades absurdas que acaban siendo reales solo para cada uno, con todo lo que eso implica. 


El miedo nos arrebata la tranquilidad, la paz, la alegría, la confianza en nosotros mismos y en los demás, la capacidad de análisis y nos sumerge en una realidad paralela (y para ellos, te lo aseguro) que nos desconecta completamente de la realidad y de lo que de verdad somos. 


El miedo nos encoge y nos paraliza. 


Tomar las riendas (de una vez)


Hay dos posibles caminos para acabar con él: callar la mente o aprender a no hacerle caso. 


Lo ideal es empezar a educar a tu mente para que aprenda que ahora tú estás al mando y no le vas a consentir que siga controlándote. 


Pero como llevas años consintiéndoselo quizá no te resulte fácil pararla desde el principio, así que no hacerle caso mientras aprende es una buenísima estrategia


¿Cómo se hace? Verás, como tantas otras cosas, se trata, de una decisión que tienes que tomar, un compromiso contigo de no dejarte llevar nunca más por los delirios del miedo. 


Una vez tomada la decisión tendrás que ser muy disciplinado, porque la costumbre de dejarte llevar te jugará malas pasadas. 


Puedes no hacer nada, pero entonces estarás condenándote al miedo y el sufrimiento absurdos pero tangibles para ti. 


Es algo que nadie puede hacer por ti, pero sí puedes tener a tu lado quien te acompañe


Yo puedo hacerlo porque he pasado por ese proceso, tomé mi decisión y logré deshacerme del miedo. 


No estarás sola y tu vida cambiará radicalmente. 


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