En cuanto te pones a indagar en eso del conocimiento propio, la espiritualidad o ese tipo de asuntos, aparece el término. 


Autoestima. 


En principio parece que la definición está bastante clara: estima que uno siente por sí mismo. De hecho, la RAE lo define como la valoración generalmente positiva que uno hace de sí


Si entramos en bosques más densos que los lingüísticos, la cosa se espesa y se complica. 


La norma general es que viene a ser, más o menos, la forma en que nos vemos, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Luego, por supuesto, hay diferentes autoestimas y podemos enredar la madeja hasta donde nos dé la gana. 


En español el significado de estimar tiene que ver con valorar o apreciar, así que lo de la baja autoestima es realmente como lo del crecimiento negativo. Absurdo. 


O te estimas o no te estimas.


Sobre todo, porque “baja autoestima” es un eufemismo para decir lindamente lo que no es tan lindo de decir: ¡¡no te quieres nada de nada, y así estás, colega!!


¿Qué vale la autoestima? 


Si tengo que contestar yo, hoy en día diría que nada de nada. Tal cual. 


Porque me parece un triste y pobre parche para intentar esconder algo manifiesto y que necesita de una fácil y rápida solución: que no nos queremos nada. 


Así que me interesa el amor


Porque el amor bien entendido, como otras cosas de la vida, empieza por uno mismo


Seguramente lo has oído y leído más de una vez: si no te quieres a ti mismo, no puedes querer a nadie


Es verdad. Pero me he dado cuenta, con el paso del tiempo, de que es verdad porque el amor es solo uno y el mismo para todo y todos


Es decir, que hay amor en ti o no lo hay. 


Si tu conclusión es que no lo hay, tienes un problema grande, porque no puedes llegar al amor desde el desamor, no puedes conocer el amor desde la falta de amor. 


La buena noticia es que da lo mismo lo que creas u opines: tú, como todo lo que es y existe, eres amor, lo sepas o no


Por eso lo buscamos y deseamos por encima de todo: por mucho que estemos como ajenos a eso que de verdad somos, algo en nosotros nos dice que hay más y que somos parte de ese “más”. Hablo del amor de verdad, el incondicional (tienes un poco más sobre eso aquí).


Donde hay amor


Si tengo amor, ¿para qué quiero autoestima? Si me amo, no necesito la estima, porque el amor todo lo contiene, todo lo abarca, todo lo ama, y lo acepta, y lo celebra. 


Y si no tengo amor, ¿para qué quiero la autoestima? Es un pobre sucedáneo que, en el fondo, no solo no me hará sentir mejor, sino que hará que me sienta mucho peor cuando me paré a observarlo. 


Me conformo con la estima por mí misma. Triste y pobre. 


Pero si estás aquí, si lees este artículo y otros parecidos, seguro que es porque quieres algo más


Así que te invito a mi rebelión particular, que consiste en no buscar la autoestima nunca más y aspirar al amor. 


No aceptar más parches y salir a encontrarme a mí misma y recordar el amor que soy y siento, por mí y por todo. 


Llena de temor, por adentrarme en un territorio desconocido y sin mapas, pero también llena del gozo que da saber que, por fin, emprendo el camino que me llevará a casa, que me regresará a mí


Puede que esta propuesta te parezca insensata y alocada. No en balde va contra corriente y reniega de los caminos trazados, pero a mí me interesar llegar pronto, llegar bien, llegar ya para poder vivir mi vida plenamente. 


Mi vida no es el camino de búsqueda de sistemas, no puedo gastarla en un montón de pruebas y errores esperando no fallar a la próxima ocasión, porque, entre otras cosas, nada en la vida se repite, aunque nos lo parezca, y la vida solo se puede vivir viviéndola. 


La vida solo se puede vivir aquí y ahora


Así que ya estamos donde tenemos que estar, y somos todo lo que tenemos que ser


¿Crees que no? Claro, porque te miras desde tus creencias, desde tus juicios, desde todos esos estúpidos “yo debería ser así”, “esto debería ser asá”, en los que te pierdes y embelesas, mientras tu vida pasa y tú no te enteras de nada. 


Ni tú ni yo ni nadie, desde ahí. 


Y ahí es donde nos decimos: “tengo que tener autoestima”.


Te reto a decir y hacer: soy amor, me amo


No quiero que te lo creas ni que lo sientas, solo que decidas pasarte a este lado. 


El planteamiento es que cuando pienses que necesitas autoestima te digas: no es verdad, porque soy amor. Sin cuestionarlo y sin analizarlo. 


Porque, ¿sabes qué? En cuanto empiezas a analizar tu vida, dejas de estar presente, de estar vivo. Te lo garantizo. 


Y si estás presente, verás todo tan claro que no te hará falta analizar. Porque, además, aceptarás y amarás, y te divertirás mucho y gozarás la vida de verdad a cada instante. 


Fíjate en la diferencia

  • Tener, poseer: la autoestima es algo de quita y pon, y que depende también, en gran, de la opinión ajena. Nos la suben o bajan. Pero ¿cómo pueden hacerlo si es nuestra? Tenlo claro: no sin nuestro permiso, seamos conscientes o no.  
  • Ser. Ser es contundente y definitivo. No precisa de nada ni nadie. O eres o no, y si estás leyendo, es que eres. Ya está, ya lo tienes todo, sin pedirlo y sin que nadie te lo pueda arrebatar. Eres amor porque lo eres y, además, has decidido serlo. Sin preguntar a nadie. 

¡Sin preguntar a nadie! 


Sin pedir permiso ni permisos, sin esperar respuestas.


Es tan simple que no sé si lo vas a entender, si te vas a dejar entenderlo, no con la mente, sino con tu ser: eres, estás siendo y no dependes de nada ni nadie para ser. 


Cuando lo entiendas de verdad, te dará la risa, sentirás el gozo y sabrás que está en ti, que lo ha estado todo el tiempo y que no se irá de ahí, porque no puede, aunque vuelvas a sentirte como antes. 


Cuando lo descubras, querrás estar ahí.


¿Lo ves?  

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