De verdad que el término autoestima está más que manido, sobado, gastado, usado y abusado. 


Pero no es menos cierto que en todo esto de la espiritualidad y el crecimiento personal se dice hasta el infinito que tenemos que querernos. 


Y… ¡nos ponemos a ello!


Llenos de entusiasmo, estamos dispuestos a aplicarnos lo que aplicamos a los demás, porque tenemos claro que no nos amamos, pero que sí amamos a los demás.


Vivimos tan alejados del amor, tan conformes con el sucedáneo perverso que hemos inventado, que no nos paramos a mirarlo con ojos limpios. 


Así que para empezar a querernos deberíamos repasar todo lo que creemos saber sobre el amor. 


Si somos honrados, sabemos muy poco de él porque apenas tenemos experiencia de él. Incluso cuando está en nuestra vida, parece que no somos demasiado capaces de sentirlo, y pocos son los afortunados que han experimentado, siquiera en algún momento, la sensación de ser amados completa e incondicionalmente


Todo lo que no sea incondicional, no es amor. Es otra cosa y aquí no interesa. 


Bastante tenemos ya con lo nuestro.


Desde pequeños vivimos relaciones condicionadas que nos dicen que son amor, pero no, claro, no pueden serlo. 


Son aprobación, aceptación, tolerancia, en sus peores acepciones… cosas así, verdaderos sucedáneos malos, sin sabor, olor ni color. 


Tragamos creo yo por varios motivos


De la misma forma que hemos olvidado quiénes somos, hemos olvidado que somos puro amor, pero algo en nosotros, aunque sea muy remotamente, lo sabe y ansía volver a lo único que es cierto y verdadero. 


Por otro lado, la falta de amor parece disparar un mecanismo, un programa en nosotros que nos lanza a buscarlo con denuedo y muy poco criterio


Amor: qué es y dónde está


¿Cómo vamos a saber qué es amor y qué no si no lo conocemos?


¿Cómo vamos a llegar al amor de verdad desde el profundo desamor en el que estamos inmersos en todas nuestras relaciones, incluso en la que tenemos con nosotros mismos?


No nos amamos y ese hecho es una prueba palpable de nuestra ignorancia del amor.


Como tantas otras cosas, el amor bien entendido empieza por uno mismo. 


Créeme cuando te digo que si no te amas no conoces el amor y no puede amar a los otros (eso que sientes, no sé qué será, pero te aseguro que no es amor). Es así de simple, pero es más fácil reconocerlo, verlo, cuando empiezas a amarte. 


Si el tema te ocupa y/o preocupa, puede que hayas leído de todo al respecto, incluso puede que hayas probado mil vías para empezar a amarte y que te hayan funcionado… a ratos o en ocasiones solamente. 


El amor es nuestro estado natural, como respirar es nuestra condición natural. En el día a día, mientras no tenemos problemas de salud, respirar “nos sale”, no tenemos que hacer esfuerzo alguno para lograrlo. 


Algo así pasa con el amor. No puedes llegar a él mediante el esfuerzo. Al contrario, más bien se trata de quitar toda lo que le hemos echado encima para despejar el camino y que él solito brille, se nos muestre al fin. 


Quiero decir que, si quieres amarte de verdad, tienes que renunciar a esa necesidad y aceptar que está en tu naturaleza. Dejar de hacer esfuerzos, rendirte a lo que ya es.


Porque tú, como todo lo que es, eres amor. 


Deja de buscar la autoestima, porque además solemos buscarla en los demás. 


Es gracioso, paradójico y absurdo buscar la estima propia en la estima que nos tengan los otros. Es, además, peligroso y muy loco. 


La estima que tú sientas por ti debería depender de ti, ser un asunto entre tú y tú, sin terceros en la ecuación. 


Pero raramente es así. Necesitas a los demás enviándote el mensaje de lo que vales para creerte que lo crees. 


Y basta un gesto de alguien, un leve gesto o cambio de tono al hablar, para hundirte la tan arduamente conquistada autoestima. 


Eso debería darte una idea de lo que vale la opinión de los demás -nada- y de lo que vale la tuya -todavía menos-. 


A ver, míralo despacio: estás queriendo valorarte a partir del valor que te otorgan los otros. Es decir, que para valorarte no tiene para ti valor tu propia opinión de ti mismo, cuando se trata de tener una “buena opinión”, porque todo lo que opinas de ti es poco halagüeño.


No sé si ves lo estúpido del proceso. Quieres empezar a valorarte volviendo a quitar valor a lo tuyo, en este caso tu opinión de ti mismo. 


Tu opinión de ti mismo no tiene ningún fundamento objetivo ni real, por eso cambia y puedes sentirte genial contigo mismo en un momento, y odiarte, sentir que eres lo peor, en el instante siguiente.  


Otro camino… sin esfuerzo


Parece que no hay salida, ¿verdad?


Pero… ¿y si dejas de atender a los juicios sobre ti, vengan de donde vengan? 


¿Y si te abres a la posibilidad de ver, solo ver, solo mirar, qué o quién eres, sin juicios previos o posteriores?


Los juicios tiñen y desvirtúan todo lo que tocan, impidiéndonos ver lo que de verdad puede haber delante de nosotros, sea de la naturaleza que sea (una persona, una idea, etc.). 


Los juicios que te haces a todas horas deforman tu visión de ti mismo y afectan a tu relación contigo. 


La autoestima es más de eso mismo: se te suele animar a cambiar los juicios negativos por juicios positivos. 

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