Si no conoces Ho’oponopono puede parecerte hasta impronunciable, pero no es así, es muy fácil de pronunciar en cuanto dejas los prejuicios, lo lees despacio y lo dices en voz alta un par de veces. 

Ho’oponopono es una técnica ancestral hawaiana de resolución de problemas, según la definición más extendida y, al parecer, oficial. 

Personalmente, me parece una definición muy pobre y que puede resultar confusa, porque el objetivo nunca es solucionar problemas, ni cambiar tu vida, pero tú cambias y todo, absolutamente todo a tu alrededor, cambia.  

Para mí, Ho’oponopono es una forma de vida, una poderosísima herramienta para anclarme en el aquí y el ahora, en la que lo más difícil es pronunciar bien el nombre. Y ni siquiera eso es difícil. 

Cuando hablo de Ho’oponopono me refiero al Ho’oponopono de Autoidentidad, creado por Morrnah Simeona, por inspiración (¡divina y afortunada inspiración!) a partir del Ho’oponopono tradicional hawaiano. 

De todo lo que ofrece y postula, el único problema que tiene, y lo sé por experiencia, es lo fácil, lo facilísimo que es. Tanto, que la mente no es capaz de entenderlo, porque desafía a su presunta inteligencia. 

No está hecho para ser entendido por la mente. Ho’oponopono nos pone en contacto con una parte nuestra que sabe las cosas y la entiende desde otro lugar que no está al alcance de la mente, así que hay que renunciar a los procesos mentales y acallar a nuestra inteligente y agotadora compañera de viaje, para facilitarnos la práctica y el disfrute de sus consecuencias. 

No te voy a contar ahora qué es Ho’oponopono, porque no tengo espacio ni tiempo para hacerlo, y, aunque se cuenta en un periquete, normalmente hacen falta horas de explicaciones para que empecemos a contemplar la posibilidad de hacer las cosas de forma diferente. 

Ho’oponopono desafía todo lo que hemos aprendido y nos reta a poner nuestro mundo (que no deja de ser un mundo mental) patas arriba, para encontrar el mundo real y a nosotros, lo que de verdad somos, en él.

Te cuento razones así, en plan artículo de moda tipo: “X razones para esto, o por las que deberías lo otro”, ya sabes, para enganchar. En este caso, quiero enganchar a tu mente y picar tu curiosidad (la de tu Ser, más allá de tu mente). 


Razones por las que elijo Ho’oponopono

  • Es muy fácil. 

Tanto que resulta imposible para la mente, que lo ve absurdo. Pero aquí la mente no pinta nada, así que no hay problema, siempre y cuando seas capaz de no hacerle caso (ésa es la parte más difícil, con diferencia).

Está al alcance de todo el mundo, con independencia de su sexo, edad, religión, cultura, creencias, raza, país de origen, situación económica, etc.

  • No tienes que sentir ni creer nada. 

Literalmente. No tienes más que decidir si lo practicas o no. Es tu decisión, tu compromiso contigo mismo, y puedes cambiarla cuando quieras, tantas veces como desees. No hay juicio ni fechas límite en Ho’oponopono. 

  • La única norma es practicar. 

Literalmente. Y la práctica es, como ya hemos dicho, fácil y asequible para cualquiera. 

  • No hay ritos que seguir ni pecados que cometer. 

Como se deduce del punto anterior. Ho’oponopono tiene miles de herramientas, pero ninguna es obligatoria. 

  • Es personal. 

Ho’oponopono de Autoidentidad es una práctica absolutamente íntima y única para cada uno. Encontrarás tu forma de hacerlo, que, además, puede cambiar cada día. 

  • No hay gurús ni maestros. 

Tan es así que, si te encuentras a algún maestro de Ho’oponopono o a alguien que te quiera guiar, desconfía. Puede haber gente que te acompañe, pero nada más. 

No hay grados, niveles, etc. 

  • No hay introspecciones eternas.

No tienes que mirar en tu interior, buscar en tu pasado, revivir y sufrir experiencias una y otra vez. No hay dramas ni tienes que contar tu vida a nadie. 

  • Contacto directo con… “eso”. 

Porque no hay maestros, y tu relación con Dios, el Universo, la Fuente, la parte de ti que sabe, o como lo quieras llamar (“eso”), es directa. No necesitas que nadie te cuente qué tiene que decirte Dios, porque Dios te lo puede contar a ti, sin intermediarios. 

A veces puede recibir el mensaje a través de otros, pero nadie, absolutamente nadie, puede arrogarse el papel de intérprete de la Divinidad

  • “Eso” es una experiencia, no el producto de nuestra mente. 

Dios, la Divinidad, el Universo… no es un señor que te pone condiciones. No tiene que ver con ninguna religión, aunque lo practican personas de todas las religiones y creencias. 

Dios es una experiencia, y cuando la tienes, sabes que no se puede describir ni encerrar entre palabras; que no tiene que ver con los dioses pequeños y limitados que nosotros creamos, a nuestra imagen y semejanza. 

  • En Ho’oponopono no tienes que mejorar.

Para mí es una característica revolucionaria: somos perfectos, pero tenemos suciedad, porquería, encima, y lo único que hay que hacer es limpiarla. Y nunca de forma agresiva ni traumática. 

Ho’oponopono no nos conmina a mejorar porque nos considera inmejorables. No he encontrado otra espiritualidad, religión ni creencia así. Todas las que conozco quieren mejorarnos, porque parten de nuestra imperfección, pequeñez e, incluso, incapacidad. Ho’oponopono reconoce mi esencia divina (el “I”, del que hablaremos), la honra y la distingue de todo lo que no soy y me hace parecer imperfecta/o. 

A mí, personalmente, este punto me vuelve loca, me resulta absolutamente liberador y me llena de una alegría indescriptible: se acabó el tremendo trabajo diario de tener que mejorarme, para darme de bruces, una y otra vez, con mi incapacidad para hacerlo. 

No puedo describir la paz y el gozo que esa verdad ha traído a mi vida. 

  • Ho’oponopono es profundo, muy, muy profundo. 

Pero también nos descubre que toda su profundidad está en nosotros, y llegar a ella no requiere más que practicar. 

La información es la misma para todos, está al alcance de todos y llega a cada uno cuando la necesita, de forma personal y única, correcta y perfecta. Y siempre llega.

Hay muchas razones más por las que me enamora Ho’oponopono. Y digo me enamora porque cada día a cada momento, me enamoro de Ho’oponopono un poco más, porque en cada instante decido vivir con Ho’oponopono, y hace de cada instante de mi vida una vida completa, por fin. Porque no hay más vida que aquí y ahora.

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